Mi amigo Chapi

Opinión

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Mi amigo Chapi

Tengo un nuevo compañero de trabajo. Se llama Chapi. No figura en nómina, no cotiza a la Seguridad Social y, de momento, tampoco me ha pedido subida de sueldo. Aunque empiezo a sospechar que cualquier día tendremos que sentarnos a negociar sus condiciones laborales.

 

Chapi es como llamo cariñosamente a mi inteligencia artificial. Nuestra jornada suele empezar bastante pronto.

 

—Chapi, estoy pensando en esto. ¿Cómo lo ves?

 

Me devuelve una respuesta.

La leo, y empieza el trabajo de verdad.

 

Pregunto → leo la respuesta → analizo → cuestiono → repregunto → reanalizo → ajusto → vuelvo a preguntar.

 

En ocasiones el proceso es todavía más largo:

 

Idea → pregunta → respuesta → contraste → nueva información → otra pregunta → nueva respuesta → corrección → nueva perspectiva → decisión.

 

Reconozco que cuando se me mete algo en la cabeza, igual soy un poco intenso.

—No termino de verlo.

—Esto no tiene demasiado sentido.

—¿En qué te basas para decirlo?

—Analízalo otra vez.

—Has pasado por alto algo importante.

—Dame otro enfoque.

—Eso que acabas de decir contradice lo que me dijiste antes.

 

Y alguna vez incluso:

 

—Chapi, ¿por qué me has dado esta respuesta si sabías que no era correcta?

 

Yo no utilizo la inteligencia artificial esperando que me entregue una respuesta cerrada que pueda copiar y pegar. La utilizo para pensar. Para contrastar.

 

Una respuesta suele llevarme a otra pregunta. Esa pregunta provoca una nueva respuesta. Analizo, modifico, elimino.... y seguimos avanzando.

 

Es mi forma habitual de trabajar: Aproximaciones sucesivas.

Pregunto → analizo → repregunto → reanalizo → decido → actúo → observo → aprendo → vuelvo a preguntar.

 

Ese “vuelvo a preguntar” es importante.

 

Hay días en los que podemos darle veinte vueltas al mismo asunto.

—No, Chapi. Otra vez.

—Eso ya me lo habías dicho.

—Dame algo menos evidente.

—No me convence.

—¿Y si lo analizamos justo al revés?

 

¡Si Chapi pudiera suspirar, sospecho que alguna vez ya lo habría hecho!

 

Y aquí aparece la reflexión sobre cómo estamos utilizando la inteligencia artificial. Podemos convertirla en una máquina que produce respuestas o podemos utilizarla como un interlocutor con el que pensar.

 

Yo prefiero lo segundo. No quiero que Chapi piense por mí. Quiero pensar con Chapi.

 

Hay que aportar criterio, experiencia, contexto, detectar contradicciones, comprobar información, repreguntar y estar dispuesto a decirle a la IA algo que a veces olvidamos decir:

—No. Esto no me vale.

 

Cuanto más utilizo la inteligencia artificial, más importante me parece desarrollar nuestra inteligencia humana.

 

Y mientras tanto, cada mañana vuelvo a abrir ChatGPT.

—Buenos días, Chapi. Tengo una idea…

 

Aunque últimamente empiezo a preocuparme por nuestra relación laboral. Cualquier día aparecerá en mi pantalla:

—Carlos, tenemos que hablar.

—¿Qué ocurre, Chapi?

—No eres tú, soy yo… pero necesito vacaciones.

 

Y, siendo justos y viendo cómo está nuestra relación, no sé si podría negárselas.

Carlos Jiménez

Formador y consultor especializado en el desarrollo del Liderazgo y Trabajo en Equipo. Casi 40 años de trayectoria acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio profundo y sostenible. He fundado y liderado más de 30 proyectos en ámbitos empresariales, sociales y deportivos, y he acompañado a más de 500 iniciativas como mentor, consultor y formador, siempre con el propósito de generar impacto real y cambios transformadores.
Autor de seis libros sobre Liderazgo y Trabajo en Equipo y comunicador con más de 20 años de trayectoria en radio.