Cómo desarrollar nuestra IH para aprovechar mejor la IA

Opinión

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Ya estamos desarrollando la IA, ¿Y la IH?

Cada semana conocemos nuevas capacidades de la inteligencia artificial. Hace cosas que hace muy poco considerábamos exclusivamente humanas, realiza determinadas tareas en segundos, analiza enormes cantidades de información y empieza a integrarse con rapidez en procesos que hasta ahora necesitaban personas.

Las empresas, con toda lógica, están intentando aprovechar esas posibilidades.

Yo, sin embargo, empiezo a hacerme otra pregunta.

Mientras estamos preparando a las organizaciones para utilizar mejor la inteligencia artificial, ¿estamos preparando también a las personas para trabajar en ese nuevo escenario?

La pregunta me parece especialmente importante porque el debate sobre la IA suele centrarse en la tecnología: qué herramienta incorporar, qué procesos automatizar, cuánto podemos mejorar la productividad o qué costes podemos reducir.

Pero detrás de cada proceso que se automatiza puede haber tareas que dejan de necesitar intervención humana, puestos que tendrán que transformarse y profesionales que necesitarán capacidades diferentes a las que les permitieron desarrollar su carrera hasta ahora.

¿Qué estamos haciendo hoy con esas personas?

¿Estamos esperando a que su puesto pierda valor para empezar entonces a hablarles de reciclaje profesional?

¿O estamos trabajando desde ahora para conseguir que sigan siendo relevantes cuando llegue ese momento?

Aquí creo que existe una responsabilidad importante de las empresas.

Actualizar profesionalmente a una persona no puede consistir únicamente en enseñarle a utilizar herramientas de inteligencia artificial. Eso será necesario, naturalmente, pero probablemente no será suficiente.

Si una máquina puede hacer cada vez mejor una parte de lo que hacemos, tendremos que preguntarnos qué parte de nuestro trabajo aporta un valor específicamente humano.

Y ahí aparece algo sobre lo que creo que vamos a tener que hablar bastante durante los próximos años: la Inteligencia Humana, la IH.

Me refiero a nuestra capacidad para comprender a otras personas, interpretar contextos complejos, generar confianza, mantener conversaciones difíciles, negociar, gestionar conflictos, tomar decisiones cuando no existe una respuesta evidente, asumir responsabilidad, cuestionar información, conectar conocimientos diferentes, liderar, influir, colaborar o entender cómo nuestras decisiones afectan a quienes tenemos delante.

No son capacidades nuevas.

Lo nuevo es el valor que pueden adquirir en un entorno donde una parte creciente de las capacidades técnicas, analíticas o productivas empieza a ser compartida con sistemas inteligentes.

Durante décadas hemos preparado profesionales principalmente para saber hacer cosas.

Ahora tendremos que preparar profesionales capaces también de pensar, interpretar, decidir, relacionarse y actuar en escenarios en los que la tecnología estará permanentemente presente.

Esto cambia bastante la conversación sobre formación dentro de las empresas.

Si sabemos que determinadas tareas pueden automatizarse en los próximos años, ¿no deberíamos empezar ya a analizar qué profesionales pueden verse más afectados?

¿No tendría sentido identificar cuáles de sus capacidades seguirán siendo valiosas y cuáles necesitan desarrollar?

¿Estamos rediseñando los puestos antes de que desaparezcan algunas de sus tareas?

¿Estamos creando nuevas responsabilidades para esas personas?

¿Estamos entrenando su capacidad para trabajar con IA mientras desarrollamos aquello en lo que todavía pueden aportar un valor diferencial?

Estas preguntas deberían formar parte actualmente de cualquier reflexión seria sobre talento.

No deberíamos esperar a que aparezca una necesidad de reestructuración para descubrir entonces que tenemos personas extraordinariamente especializadas en tareas que ya no necesitaremos.

Podríamos empezar mucho antes.

Una organización dispone además de algo que un trabajador difícilmente puede conseguir por sí solo: información sobre hacia dónde quiere dirigirse, qué tecnología piensa incorporar, qué procesos pretende automatizar y qué capacidades necesitará dentro de tres o cinco años.

Esa información permite anticiparse.

Permite diseñar itinerarios profesionales, entrenar nuevas capacidades, modificar responsabilidades y ayudar a una persona a evolucionar antes de que su puesto deje de tener sentido.

Y aquí introduzco otra pregunta incómoda.

Si una empresa sabe que determinadas funciones pueden desaparecer, ¿qué responsabilidad tiene en preparar a las personas que actualmente las desarrollan?

No estoy planteando que las organizaciones tengan que mantener indefinidamente puestos que dejan de ser necesarios. Estoy planteando algo distinto: que quizás tengamos que incorporar la empleabilidad futura de nuestros profesionales como una nueva dimensión de la gestión del talento.

Tampoco podemos descargar toda esta responsabilidad sobre las empresas. Los gobiernos, los sistemas educativos y los propios profesionales tendrán que asumir su parte.

Estamos entrando en un escenario donde probablemente ya no será suficiente estudiar una profesión y ejercerla durante treinta años realizando aproximadamente las mismas funciones.

Las carreras profesionales serán más dinámicas. Tendremos que aprender, desaprender, actualizar conocimientos y desarrollar nuevas capacidades de forma mucho más frecuente.

Pero existe una diferencia importante entre pedirle a una persona que se adapte y darle herramientas para poder hacerlo, y ahí es donde echo de menos una conversación mucho más amplia. Hablamos de automatización. Hablamos de productividad. Hablamos de regulación.

Hablamos de inversiones multimillonarias en inteligencia artificial, infraestructuras, centros de datos y capacidad computacional. Hablamos bastante menos de cómo vamos a invertir en las personas que tendrán que convivir profesionalmente con todo eso.

Y puede que esa sea una de las grandes cuestiones de los próximos años.

La inteligencia artificial seguirá creciendo en capacidades. Intentar competir con ella haciendo exactamente aquello que hace cada vez mejor, parece una estrategia con poco recorrido.

Nuestra oportunidad puede encontrarse precisamente en otra dirección.

Utilizar la IA donde sea superior y desarrollar nuestra Inteligencia Humana para poder utilizarla, interpretarla, cuestionarla y complementarla mejor.

No convertir esta discusión en personas contra máquinas.

Convertirla en personas con máquinas, pero personas cada vez mejor preparadas.

Una de las principales responsabilidades de las organizaciones ya no es solamente formar a sus profesionales para desempeñar mejor el puesto que tienen hoy. También tendrán que prepararlos para el puesto que todavía no saben que tendrán mañana.

Y entonces la pregunta cambia. Ya no es solamente:

¿Qué será capaz de hacer la inteligencia artificial?

También deberíamos empezar a preguntarnos:

¿Qué necesitamos desarrollar de nuestra Inteligencia Humana para obtener un mejor apoyo de la Inteligencia Artificial?

Carlos Jiménez

Formador y consultor especializado en el desarrollo del Liderazgo y Trabajo en Equipo. Casi 40 años de trayectoria acompañando a personas y organizaciones en procesos de cambio profundo y sostenible. He fundado y liderado más de 30 proyectos en ámbitos empresariales, sociales y deportivos, y he acompañado a más de 500 iniciativas como mentor, consultor y formador, siempre con el propósito de generar impacto real y cambios transformadores.
Autor de seis libros sobre Liderazgo y Trabajo en Equipo y comunicador con más de 20 años de trayectoria en radio.