El Mediterráneo gana peso como vía de entrada migratoria a España

Un informe presentado en Las Palmas destaca el descenso de la ruta atlántica en 2025 y alerta del coste humano de las políticas de control fronterizo.

Sociedad

Compartir


La ruta mediterránea occidental ha recuperado protagonismo como principal vía de acceso irregular a España, mientras que la atlántica, asociada en los últimos años a la llegada de embarcaciones a Canarias, muestra una tendencia descendente. Esa es una de las principales conclusiones del informe Dos mares, un rumbo, elaborado por la Fundación ECCA Social y el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), presentado este martes en Las Palmas de Gran Canaria por el jesuita y patrono de ECCA Social, Josep Buades Fuster.

 

El estudio recoge que las 36.775 entradas irregulares registradas en España durante 2025 constituyen el segundo dato más bajo desde la reactivación de la ruta atlántica en 2020. Aun así, el propio informe advierte de que el volumen continúa situándose en niveles medios-altos.

 

Dos rutas, distintas dinámicas

 

Buades explicó que la creciente relevancia de la ruta mediterránea occidental responde, en gran medida, al aumento de salidas desde Argelia. Según señaló, esta vía está siendo utilizada no solo por ciudadanos argelinos, sino también por personas procedentes de países como Sudán, Chad, Eritrea o Somalia.

 

«Es curioso observar cómo personas de tan lejos como Sudán, Chad, Eritrea o Somalia se han valido de esa ruta», afirmó durante su comparecencia ante los medios.

 

El informe identifica además a Ceuta como el principal punto de entrada a España a finales de 2025, aunque apunta que durante los primeros meses de 2026, especialmente entre marzo y abril, esas llegadas han descendido de forma abrupta.

 

Buades subrayó que las dinámicas migratorias españolas se articulan hoy a través de dos corredores con características propias, aunque conectados entre sí por los cambios en los itinerarios utilizados por distintas nacionalidades.

 

El coste humano

 

Respecto a la ruta atlántica, el responsable del informe recordó su reactivación en 2020, la fuerte intensificación registrada entre 2023 y 2024 y la posterior reducción experimentada en 2025, asociada al efecto de las políticas de externalización del control migratorio. No obstante, advirtió de que mayo de este año registró un nuevo repunte favorecido por las condiciones meteorológicas.

 

Buades quiso poner el foco en las consecuencias humanas de estos desplazamientos.

 

«No se puede olvidar que, detrás de cada pico o valle en un gráfico, hay personas buscando protección y un Estado obligado a garantizar su dignidad», manifestó.

También planteó interrogantes sobre el precio que pagan quienes emprenden estos viajes.

 

«¿Cuántas personas están muriendo? ¿Cuántas personas son víctimas de los manejos de las mafias?», se preguntó, antes de recordar que migrar sigue teniendo un elevado coste humano y económico.

 

Críticas a la política europea

 

El representante del Servicio Jesuita a Migrantes mostró asimismo su rechazo a la nueva política migratoria europea que comenzará a aplicarse esta semana. Aunque considera que su impacto inmediato en España será limitado, calificó de inaceptable el planteamiento comunitario sobre las devoluciones.

 

«La política europea de migraciones es infame», sostuvo, al criticar que se ponga precio a la devolución de migrantes y alertar de un repliegue basado en el miedo.

 

Buades insistió en que la posición de la Iglesia ante este fenómeno responde a una defensa permanente de la dignidad humana y del derecho de las personas a buscar protección y oportunidades para sus familias.