Representantes de la Iglesia, del ámbito universitario y de organizaciones no gubernamentales coincidieron este sábado en La Laguna, Tenerife, en la necesidad de promover un cambio de enfoque en la gestión de los movimientos migratorios, situando la dignidad humana en el centro de las políticas y de la respuesta social. La reflexión tuvo lugar durante un simposio internacional organizado por el Instituto Madre Cabrini sobre Inmigración, la Universidad de Villanova y la Red Atlántica Eclesial de Hospitalidad, inspirado por los mensajes trasladados por el papa León XIV durante su reciente visita a Canarias.
La jornada reunió a investigadores, responsables institucionales, representantes eclesiales y activistas que trabajan en la intersección entre la migración y la experiencia vivida por quienes emprenden estos desplazamientos. El objetivo común fue replantear la manera en que las sociedades afrontan uno de los grandes desafíos contemporáneos.
Un cambio sistémico y compasivo
La profesora Michele Pistone, directora del Instituto Madre Cabrini sobre Inmigración y organizadora del encuentro, explicó que la iniciativa nace con la intención de abordar «problemas globales, y qué mayor problema global hay que la migración».
Pistone defendió que estos espacios sirven para reflexionar sobre nuevas fórmulas de asistencia y acompañamiento desde una perspectiva interdisciplinar. «Este es un asunto que nos concierne a todos desde una perspectiva interdisciplinar y global», afirmó.
Asimismo, destacó la influencia del mensaje del pontífice durante su estancia en el Archipiélago. «Nos ayuda a recordar la humanidad» que debe guiar la atención a las personas migrantes, indicó, convencida de que León XIV «está tocando el corazón de todo el mundo» porque «nos ayuda a ver que cada persona migrante es un ser humano».
La fuerza de los testimonios
Entre los participantes figuró John Lydon, sacerdote agustino que compartió misión con León XIV en Perú durante la década de los noventa. El religioso sostuvo que la visita del papa a Canarias tuvo un propósito muy definido.
«Quería subrayar la situación dramática de los migrantes, de los refugiados», señaló Lydon, quien añadió que el empeño del pontífice pasa por que estas personas sean reconocidas como «personas de esperanza y dignidad».
El sacerdote recordó que estas jornadas se celebraron el año pasado en Roma y continuarán en otros lugares del mundo con la intención de «despertar la conciencia humana y tratar mejor a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados».
A su juicio, escuchar los relatos de quienes se juegan la vida en cayucos o pateras transforma la percepción social del fenómeno. «Cuando uno escucha historias de las dificultades que tuvieron que superar para llegar aquí… son cosas que abren el corazón», expresó. Esa cercanía, añadió, constituye «la manera de tratar de cambiar la perspectiva pública sobre los migrantes».
Reflexionar para no repetir errores
La consejera de Bienestar Social, Igualdad, Juventud, Infancia y Familias del Gobierno de Canarias, Candelaria Delgado, consideró que el simposio invita a revisar actuaciones pasadas y a extraer enseñanzas para el presente.
A su entender, encuentros como este ponen el foco en «cómo no debemos caer en errores del pasado», una reflexión vinculada también a los mensajes pronunciados por León XIV durante el acto celebrado en el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria.
Delgado sostuvo que las palabras del papa «nos tienen que hacer reflexionar mucho» y convertirse en una guía sobre «lo que debe ser la migración y cómo deben ser tratadas las personas migrantes».
El simposio dejó así una reivindicación compartida entre instituciones académicas, entidades sociales y representantes religiosos: avanzar hacia respuestas más humanas, basadas en la escucha, la empatía y el reconocimiento de la dignidad de quienes se ven obligados a abandonar su hogar en busca de una oportunidad.