El Régimen Económico y Fiscal de Canarias ha sido, durante siglos, uno de los principales instrumentos para compensar las limitaciones derivadas de la insularidad y la lejanía del Archipiélago. Sin embargo, los cambios económicos y sociales registrados en las últimas décadas han abierto un debate sobre cómo actualizar sus herramientas para responder a problemas que hoy condicionan el bienestar de miles de familias, como la pérdida de poder adquisitivo, las dificultades de acceso a la vivienda o la persistencia de importantes brechas sociales.
Sobre esa necesidad de adaptación reflexionó el catedrático de Análisis Económico y miembro del Centro de Estudios de Desigualdad y Gobernanza de la Universidad de La Laguna, Gustavo Marrero, durante su participación en el programa Buenos Días a las 8, dirigido por Dulce María Facundo en Radio Las Palmas.
El economista recordó que el REF no constituye un privilegio concedido a Canarias, sino un mecanismo reconocido jurídicamente para equilibrar las desventajas derivadas de la condición ultraperiférica del territorio. Su razón de ser continúa vinculada a la búsqueda de oportunidades equivalentes para los ciudadanos del Archipiélago respecto al resto del país, mediante medidas que ayuden a corregir costes estructurales imposibles de eliminar por completo.
Una desigualdad que se agranda
A juicio de Marrero, el aumento de las diferencias económicas no puede atribuirse a una única causa ni entenderse como una consecuencia reciente. Se trata de un fenómeno complejo que se ha ido alimentando con el paso del tiempo y que encuentra nuevas formas de expresión en cada coyuntura económica.
En este contexto, explicó que los episodios inflacionistas han golpeado con más intensidad a quienes concentran la mayor parte de sus ingresos en gastos esenciales. Alimentación, energía y vivienda absorben buena parte del presupuesto de muchas familias con rentas medias y bajas, que además disponen de escaso patrimonio y carecen de activos financieros capaces de amortiguar la pérdida de capacidad adquisitiva.
La situación es distinta entre quienes poseen propiedades o inversiones, cuyos rendimientos contribuyen a suavizar el impacto del encarecimiento del coste de la vida. Esa diferencia de capacidad de respuesta termina ampliando la distancia entre unos hogares y otros.
La crisis habitacional ha intensificado ese proceso. El incremento del precio de los alquileres y de la compraventa, unido a la limitada oferta disponible y a la presión existente sobre determinadas zonas del mercado residencial, ha introducido un nuevo factor de vulnerabilidad para quienes no cuentan con una vivienda en propiedad.
Marrero también apuntó que, pese a los avances registrados en las últimas décadas, determinadas desigualdades persisten. Entre ellas destacó la brecha de género, especialmente visible en el acceso a puestos de responsabilidad y en decisiones familiares relacionadas con los cuidados, que continúan recayendo de forma mayoritaria sobre las mujeres.
Los límites del modelo actual
Lejos de cuestionar el papel desempeñado por el REF en el desarrollo económico de Canarias, el catedrático defendió su contribución histórica al progreso del Archipiélago. No obstante, entiende que algunos de sus incentivos requieren una revisión que permita responder a las necesidades del presente.
Como coautor del estudio Anatomía macroeconómica de la productividad en Canarias, elaborado junto al economista Miguel León Ledesma, señaló que buena parte de las ventajas fiscales han favorecido la inversión en capital físico, especialmente vinculada a inmuebles, instalaciones y determinados activos empresariales.
En cambio, considera que aspectos como la innovación, la digitalización, la formación de trabajadores, la atracción de talento o el impulso de nuevos proyectos empresariales han recibido una atención menor.
A ello se suma que gran parte de esos incentivos han resultado más accesibles para compañías ya consolidadas y con capacidad para generar beneficios, mientras que iniciativas emergentes o emprendedores con proyectos de futuro han encontrado más dificultades para incorporarse a esas ventajas.
Según expuso, esta orientación ha tenido un reflejo directo sobre la productividad. Sin mejoras significativas en ese ámbito, resulta más complicado elevar salarios y extender los beneficios del crecimiento económico al conjunto de la población.
Una oportunidad para actualizar el REF
El actual proceso de revisión del Régimen Económico y Fiscal representa, en opinión de Marrero, una ocasión para reforzar aquellas políticas que permitan combinar competitividad y cohesión social.
Entre las medidas planteadas figura una mayor orientación de los incentivos hacia la innovación, la formación continua y la incorporación de nuevas tecnologías. También aboga por facilitar el acceso de pequeñas empresas y emprendedores a los instrumentos del REF y por vincular determinadas ayudas a la creación de empleo estable.
Junto a estas actuaciones, considera oportuno explorar mecanismos que permitan aliviar la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias y bajas mediante fórmulas fiscales capaces de compensar parte del esfuerzo económico que soportan quienes cuentan con menos recursos.
El reto, concluyó, consiste en preservar la esencia de un instrumento que ha sido decisivo para Canarias, adaptándolo a una realidad distinta a la que motivó muchas de sus medidas actuales. El propósito último pasa por lograr que el incremento de la productividad se traduzca en un progreso más equilibrado y alcance a un mayor número de ciudadanos, de modo que el crecimiento deje de medirse solo en términos macroeconómicos y se refleje también en la vida cotidiana de quienes sostienen la economía del Archipiélago.